¿Qué tan parecidos a los humanos son realmente los sistemas de IA? Un experto analiza los riesgos

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Estamos rodeados de ellos. Barren nuestros pisos. Ellos conducen nuestros autos. Gestionan inventario en almacenes masivos. Las máquinas de aprendizaje y la inteligencia artificial ya no son conceptos de ciencia ficción. Son elementos cotidianos. Sus capacidades se están agudizando. Están imitando la cognición humana con una precisión inquietante. Pero hay una pregunta que flota en el aire. ¿Cuán humanos son realmente estos cerebros de máquinas? ¿Y esa imitación podría volverse peligrosa?

La respuesta no es sencilla. Requiere mirar más allá de las exageraciones. Necesitamos entender la mecánica.

La ilusión de una inteligencia similar a la humana

Mucha gente supone que, como una máquina puede reconocer a un gato o conducir por una carretera, “entiende” el mundo como lo hace una persona. Esa suposición es errónea. Es una simplificación peligrosa.

Eyke Hüllermeier, investigadora de inteligencia artificial de la Universidad de Paderborn, sugiere que debemos tener cuidado con esa etiqueta. Los sistemas que utilizamos no son pensantes. Están calculando probabilidades. Son coincidencias de patrones en una escala que los humanos no pueden comprender. Pero el resultado puede parecer notablemente humano.

“Sus habilidades se acercan cada vez más a las de los humanos”, señala Hüllermeier. Pero la cercanía no es identidad.

Esta distinción importa. Cuando un robot aspirador navega por su sala de estar, no está “eligiendo” un camino basándose en la lógica o las preferencias. Procesa datos de sensores para evitar colisiones. Es eficiente. No es sensible. Sin embargo, a medida que estos sistemas asumen tareas más complejas, la línea se vuelve borrosa.

Por qué esto es importante para los usuarios cotidianos

El peligro no es un levantamiento de robots. Es más sutil. Se trata de confianza. Cuando los sistemas de IA se comportan de manera que parecen intencionales, los usuarios les atribuyen intención. Esto lleva a una confianza equivocada.

Si un vehículo autónomo toma una decisión que parece “inteligente” en una situación, los usuarios pueden asumir que es igualmente “inteligente” en un escenario novedoso y extremo. No lo es. El sistema funciona dentro de un conjunto de datos de entrenamiento específico. Fuera de ese límite, falla.

Comprender los límites de la tecnología actual es esencial. Necesitamos saber qué pueden hacer estas herramientas. Necesitamos saber lo que ellos no pueden.

Dónde residen los riesgos

El riesgo no es la malicia. La IA no tiene ningún deseo. El riesgo es la desalineación.

  1. Excesiva dependencia: Los humanos delegan su juicio en los algoritmos. Cuando el algoritmo falla, el humano no está ahí para detectarlo.
  2. Opacidad: A menudo no sabemos por qué un modelo tomó una decisión específica. Éste es el problema de la “caja negra”.
  3. Sesgo de datos: Estos sistemas aprenden de datos históricos. Si esos datos contienen prejuicios humanos, la IA los amplifica.

El trabajo de Hüllermeier en la Universidad de Paderborn se centra en hacer que estos sistemas sean más robustos. Más transparente. Menos propenso a errores. Pero la tecnología avanza más rápido que la regulación. Más rápido que la comprensión pública.

La pregunta central

Entonces, ¿son humanos? No. Son motores estadísticos sofisticados. Pero a medida que su rendimiento se vuelve indistinguible del desempeño humano en muchas tareas, el impacto psicológico es real. Los tratamos como pares. No deberíamos.

La pregunta no es si nos reemplazarán. Se trata de si confiaremos en ellos lo suficiente como para entregarles las llaves. Y si ellos

Decodificando la caja negra: cómo funcionan realmente las redes neuronales

Ya vivimos dentro de la máquina, lo queramos o no. La tendencia ya no es sutil. Las computadoras de aprendizaje están pasando de ser experimentos de laboratorio a ser la columna vertebral de nuestra economía y nuestra vida diaria.

¿Por qué ahora? Dos razones. Mejores arquitecturas de software como redes neuronales. Y hardware que finalmente pueda satisfacer la demanda de datos.

Las máquinas ya están haciendo el trabajo pesado. Lo ves en los asistentes virtuales. Lo ves en los robots industriales. Probablemente lo esté viendo en el futuro de la atención médica con ayudas de enfermería robóticas. Pero existe una brecha entre utilizar la herramienta y comprenderla. ¿Cómo piensan realmente estos “cerebros de máquinas”? ¿Estamos construyendo algo que pronto superará nuestra propia cognición?

Eyke Hüllermeier, director del departamento de Sistemas Inteligentes y Aprendizaje Automático de la Universidad de Paderborn, analiza la mecánica. También analiza lo que esta tecnología revela sobre nuestro comportamiento y hacia dónde se dirige.

Definiendo lo indefinido

Empecemos por la parte más difícil: definirlo.

Künstliche Intelligenz no es sólo una subrama de la informática. Es una intersección desordenada. Toca las matemáticas. Ingeniería. Psicología. Neurociencia. Biología. Filosofía. Lingüística.

No existe una definición precisa y universalmente aceptada. Marvin Minsky, uno de los fundadores de este campo, ofreció una visión pragmática: es la ciencia de hacer que las máquinas hagan cosas que requieren inteligencia humana.

Pero eso plantea la siguiente y molesta pregunta. ¿Qué es realmente la inteligencia humana?

Hoy en día, la visión predominante se centra en los agentes que resuelven problemas. Estos sistemas actúan racionalmente para lograr un objetivo. Pero también necesitan rasgos “humanos”. Capacidad de aprendizaje. Autonomía. Tolerancia a fallos. Estas cualidades los diferencian del software rígido y estándar.

Cuando implementamos estos enfoques para uso en el mundo real, los llamamos sistemas inteligentes.

“Künstliche Intelligenz ist die Wissenschaft, Maschinen die Dinge tun zu lassen, für die ein Mensch Intelligenz benötigen würde.” -Marvin Minsky

Esta definición es amplia por diseño. Un sistema inteligente puede ser hardware. Piense en un brazo robótico que ensambla automóviles. O puede ser software puro. Como el motor de recomendaciones que te ofrece el siguiente episodio de un programa que no sabías que querías.

La línea entre hardware y software se está difuminando. La distinción importa menos que el resultado. ¿Puede aprender? ¿Se puede adaptar? Si la respuesta es sí, es parte del cambio. Y está cambiando rápidamente.

IA débil versus IA fuerte: comprender la diferencia

La forma en que clasificamos la inteligencia artificial no es sólo una cuestión académica. Determina lo que realmente puede esperar de la tecnología que tiene en su bolsillo o en su espacio de trabajo. Los investigadores dividen esto en dos grupos principales: IA débil e IA fuerte.

La IA débil es lo que nos rodea. Simula un comportamiento inteligente para tareas específicas. Piense en el reconocimiento de voz o en los anuncios algorítmicos que aparecen en su feed. La máquina no “piensa”. Simplemente ejecuta una función específica con alta precisión.

La IA fuerte es una bestia completamente diferente. Implica conciencia. Empatía. Acción independiente. Esta es la versión de IA que posee inteligencia universal. Iguala las habilidades cognitivas humanas o las supera. Aún no hemos construido esto. Todavía estamos averiguando la primera categoría.

El cambio de las reglas a los datos

Si miramos hacia atrás, a las décadas de 1980 y 1990, el enfoque para construir sistemas inteligentes era radicalmente diferente. En aquel entonces, los sistemas expertos llevaban la batuta.

El objetivo era simple pero ambicioso: formalizar la experiencia humana. Usaron reglas básicas si-entonces.

“Intentaron hacer que el conocimiento humano fuera accesible al procesamiento informático lógico convirtiéndolo en reglas condicionales simples”.

Fue una programación explícita. Le dijiste a la máquina exactamente cómo pensar. Si sucede X, haga Y. Funcionó para dominios limitados. Diagnóstico médico. Estudios geológicos. Pero chocó contra una pared. No podía manejar la realidad desordenada y desestructurada del mundo.

El aprendizaje automático toma el mando

Hoy en día, el panorama está dominado por el aprendizaje automático.

El paradigma ha cambiado por completo. Ya no programamos el comportamiento explícitamente. Somos sistemas de entrenamiento basados ​​en datos empíricos. La IA interactúa con su entorno. Genera puntos de datos. Aprende.

El resultado es un sistema que mejora su rendimiento en base a la experiencia. No porque un programador haya escrito una lista más larga de reglas. Sino porque el modelo ajustó sus pesos internos después de ver millones de ejemplos. Ésta es la base de la investigación fundamental moderna. Y está cambiando todo, desde cómo codificamos hasta cómo vivimos.

Maschinen übernehmen Tasks, die früher exklusiv menschliches Territorium waren. Doch der Vergleich piensa. Mensch und Maschine sind keine Spiegelbilder. Sus piezas son complementarias.

Maschinen rechnen präzise. Sie verarbeiten Informationen logisch konsistent. Sie suchen systematisch. Sie suchen ausdauernd. Sie finden Muster in hochkomplexen Daten, die das menschliche Auge übersieht.

Aber sie sind brüchig.

Im direkten Vergleich zum Menschen fehlen Maschinen Robustheit. Es mangelt an gesunden Menschenverstand. El sistema KI es extremadamente especializado. Sie beherrschen eine Aufgabe excelente. Doch dieses Können ist isoliert. Es ist nicht eingebettet in Alltagswissen.

Die Maschine kann wenige Dinge sehr gut. Der Mensch meistert viele Aufgaben mehr oder weniger gut. Das ist der Unterschied.

¿Fue können Menschen von KI lernen?

Die Frage, was Menschen von Maschinen lernen können, ist seltsam. Sie ähnelt der Frage, fue Vögel von Flugzeugen lernen.

Eigentlich will man Maschinen „menschlicher“ machen. Nicht umgekehrt.

Doch die Debatte darüber hat Nebenwirkungen. Wir sprechen über Rationalität. Wir sprechen über Equidad. Eigenschaften, die wir von Maschinen erwarten. Diese Diskussion zwingt uns zur Selbstkritik.

KI spiegelt unser Verhalten zurück. Sie offenbart Muster, die wir selbst nicht sehen.

KI kann uns viel über unser eigenes Verhalten verraten.

Ein Beispiel. Ein maschinelles Lernverfahren nutzt die Entscheidungen eines Richters als Trainingsdaten. Es un modelo práctico construido. Ziel: Transparencia.

Voraussetzung: Das Modell muss interpretierbar sein. Wenn ja, wird das Entscheidungsverhalten des Richters sichtbar. Bias wird sichtbar. Logiklücken werden sichtbar.

¿Wo steht KI heute?

Die Anwendungsfelder scheinen unendlich. En Wirklichkeit ist es rápido überall.

KI hat Einzug gehalten. En rápido allen Bereichen.

Bekannte Beispiele sind naheliegend. Sistemas inteligentes en contextos industriales. Robotero. Intelligente Wartungssysteme in der Fertigung. Stichwort Industria 4.0.

Empfehlungssysteme von Google. Por Amazon. Personalización. Das ist allgegenwärtig.

Autónomos Fahren. Noch im Fluss. Noch nicht vollständig gelöst. Aber präsent.

Auch in der Medizin ist der Aufmarsch unübersehbar.

Spannend, aber weitgehend offen, ist die Frage, wann die KI einen Reifegrad erreicht haben wird, der sie kognitiv auf eine Stufe mit dem Menschen stellt.

Anwendungsorientierte Forschung treibt das voran. Soy Campus de Innovación de Software de Paderborn (SICP). Im Kompetenzbereich “Sistemas inteligentes”.

SICP funciona como Schnittstelle. Zwischen Wissenschaft und Industrie. Zusammen mit Unternehmen werden Lösungen entwickelt. Para problemas de la práctica industrial.

Ziel: Effizienz in der Produktion steigern. Problema de Konkrete. Respuestas de Konkrete.

Prognosen zur Entwicklung der KI liegen regelmäßig daneben. In der Vergangenheit. Heute ist es nicht anders. Die technische Entwicklung ist zu rasant.

Eines ist sicher. Der Einfluss auf alle Bereiche unseres Lebens ist enorm. Auf die Gesellschaft.

¿Ob KI kognitiv jemals auf Augenhöhe mit dem Menschen landet? Ob das überhaupt gelingt?

La respuesta suena ofendida.

El profesor Erhard Hüllermeier no cree que lleguen robots asesinos en el corto plazo. La idea de que la IA desarrolle su propia voluntad y busque la dominación global es ciencia ficción. Estamos lejos de eso. La verdadera historia es mucho más mundana. Y posiblemente más impactante.

La IA como herramienta de asistencia. Ahí es donde radica la utilidad actual. Aumenta la capacidad humana. Piense en diagnósticos médicos. Un médico obtiene un segundo par de ojos que no se fatigan. La experiencia se agudiza. La planificación de la terapia se vuelve más precisa. En la fabricación industrial, las tareas tediosas y agotadoras se delegan exclusivamente a las máquinas. ¿El resultado? Un impulso tangible en la calidad de vida.

“La IA puede ayudarnos a superar muchos de los principales desafíos actuales, ya sea el cambio climático, la seguridad alimentaria mundial o la lucha contra las enfermedades”.

Los desafíos que enfrentamos son grandes. Cambio climático. Welternährung. Erradicación de enfermedades. No podemos resolverlos solos. ¿Pero con la IA? Tenemos muchas más posibilidades. Procesa datos a escalas que los humanos simplemente no pueden igualar. Detecta patrones en el caos. Eso no es magia. Son simplemente mejores matemáticas.

El vacío legal y ético

No hay posibilidades sin riesgos. Eso es un hecho. Pero a menudo se malinterpreta la naturaleza específica de estos riesgos. No se trata de Skynet. Se trata de burocracia. Y la ley.

Muchas cuestiones críticas siguen sin resolverse desde el punto de vista jurídico. El marco está por detrás de la tecnología. ¿Quién es responsable cuando un sistema autónomo comete un error? ¿El codificador? ¿El usuario? ¿El algoritmo en sí? Aún no tenemos respuestas claras.

Las implicaciones sociales son turbias. Mire a China. Los sistemas de puntuación social ya están operativos. Asignan confiabilidad a los ciudadanos. Plantea serias señales de alerta éticas. Pero no se trata sólo de regímenes autoritarios. También está sucediendo en los mercados democráticos.

Considere las aprobaciones de crédito. O solicitudes de empleo en agencias de empleo. Las computadoras toman estas decisiones ahora. Todos los ciudadanos se ven potencialmente afectados. La equidad no está garantizada. A menudo falta transparencia. La discriminación puede estar incorporada en los datos. Y si no entiendes el modelo, no puedes luchar contra él.

Cuando el control se escapa

El peligro no es un levantamiento de robots. Es autonomía. Específicamente, sistemas que operan más allá de la supervisión humana.

Mire el comercio algorítmico. Milisegundos. Ese es el plazo. En fracciones de segundo se mueven millones de euros. Los sistemas son tan rápidos y tan complejos que los humanos no pueden intervenir en tiempo real. Observamos los gráficos. Esperamos lo mejor.

¿Choques financieros? Son malos. Causan dolor. Pero palidecen en comparación con otros sistemas autónomos. Armas autónomas. Fuerza letal decidida por código. Ningún dedo humano en el gatillo. Una vez que lo pongas en marcha, ¿podrás detenerlo?

“Los riesgos financieros como las caídas del mercado parecen casi inofensivos en comparación con los peligros de los sistemas de armas autónomos.”

Ya nos enfrentamos a sistemas que no son totalmente controlables. Ellos aprenden. Se adaptan. Evolucionan de maneras que sus creadores no predijeron del todo. Asumimos el control. Muchas veces no lo tenemos.

La pregunta no es si la IA cambiará el mundo. Es. La pregunta es si podremos mantener el volante cuando el coche empiece a conducirse solo. Aún no lo hemos descubierto.