La colisión ideológica: por qué la visión global de JD Vance se está desmoronando bajo el trumpismo

21

El vicepresidente JD Vance experimentó recientemente una serie de importantes reveses diplomáticos que han planteado preguntas urgentes sobre su capacidad para dar forma a una política exterior distinta. Tras un intento fallido de apoyar al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y un proceso de negociación fracasado con Irán (agravado por el anuncio del presidente Trump de un nuevo bloqueo en el Estrecho de Ormuz), parece que la visión geopolítica específica de Vance está siendo desmantelada sistemáticamente por la misma administración a la que sirve.

La visión posliberal: un tipo diferente de política de derecha

Para entender por qué importan estos fracasos, hay que entender la ideología que representa Vance: el postliberalismo. A diferencia de los conservadores tradicionales, los posliberales como Vance ven la principal amenaza a la sociedad como el propio liberalismo moderno, específicamente su enfoque en los derechos individuales y el progreso social impulsado por el mercado.

La política exterior de Vance fue diseñada para ser una herramienta para este proyecto ideológico. Sus objetivos eran dos:
1. Empoderar a la extrema derecha europea: En lugar de la diplomacia tradicional, Vance buscó actuar como patrocinador de los partidos nacionalistas europeos, considerándolos aliados en una lucha por restaurar la “autoconfianza civilizatoria” en el continente.
2. Reducir el aventurerismo militar: Su objetivo era alejar a Estados Unidos de los conflictos de Oriente Medio y centrarse en cambio en la renovación espiritual y moral interna a través de un enfoque nacionalista más comedido.

Vance vio la Hungría de Viktor Orbán como un modelo para este nuevo orden: un Estado donde el gobierno moldea activamente el carácter moral de sus ciudadanos a través del tradicionalismo religioso y social.

El factor Trump: el instinto sobre la ideología

La fricción fundamental radica en el hecho de que, si bien tanto Trump como Vance son nacionalistas de derecha, sus métodos están fundamentalmente en desacuerdo.

El postliberalismo está impulsado por un marco intelectual estructurado, aunque radical. El trumpismo, por el contrario, está impulsado por impulsos personales e instintos impredecibles. Esta distinción ha llevado a una colisión directa en dos teatros críticos:

1. La fractura europea

El intento de Vance de construir una “internacionalista” en Europa se está viendo socavado por las acciones impredecibles de Trump. Políticas como los aranceles agresivos y la controvertida propuesta de anexar Groenlandia han convertido a Trump en una figura “tóxica” para muchos populistas europeos. Los líderes desde el Agrupación Nacional de Francia hasta el AfD de Alemania, a quien Vance ha defendido, se ven cada vez más obligados a distanciarse de Washington para proteger sus propios intereses nacionales.

2. La escalada en Oriente Medio

Si bien Vance ha intentado proyectar una imagen de una “paloma” que busca estabilidad, la política exterior de Trump ha tendido hacia un conflicto de alta intensidad. Desde el bombardeo de instalaciones nucleares iraníes hasta los recientes bloqueos marítimos, la postura dura de la administración contradice directamente el objetivo posliberal de retirarse de los enredos en Oriente Medio.

El dilema del vicepresidente

Esto crea una profunda trampa política para Vance. Como senador, podría haber criticado a la administración desde fuera. Sin embargo, como vicepresidente, está inextricablemente vinculado a estos resultados.

Como fue el principal arquitecto del acercamiento a la extrema derecha europea y el principal negociador de la diplomacia iraní, los fracasos de estas misiones se consideran propios. Actualmente está atrapado en un ciclo donde:
– Sus esfuerzos diplomáticos dan como resultado resultados impopulares o fallidos.
– Las acciones de su jefe alienan a los mismos aliados Vance necesita hacer realidad su visión.
– Se ve obligado a defender un historial que contradice sus propios principios declarados.

“La administración Trump es actualmente tóxica para la mayoría de los partidos de extrema derecha en Europa”, señala Cas Mudde, experto en la derecha europea.

Conclusión

JD Vance intentó utilizar el movimiento MAGA como vehículo para una ideología posliberal específica, pero descubrió que el vehículo está impulsado por los impulsos impredecibles de Donald Trump más que por un programa político cohesivo. Como resultado, Vance enfrenta la difícil tarea de navegar por una identidad política que la administración a la que sirve está borrando activamente.