Internet está inundado de imágenes y vídeos de niños. Desde los primeros pasos hasta las fotografías escolares, los padres comparten con orgullo los hitos en línea. Pero un número cada vez mayor de padres está eligiendo no participar, optando silenciosamente por no participar en lo que se conoce como “sharenting”, el acto de compartir demasiado sobre niños en línea. ¿Por qué? Porque una vez que una foto, un vídeo o un detalle personal se hacen públicos, escapa a su control. En una época en la que la mayoría de los estadounidenses utilizan Internet, publicar sobre un niño es como compartir esa información con el mundo entero.
Los riesgos de la exposición digital
La decisión de no publicar no se trata de resistir la tentación de alardear; se trata de reconocer los peligros muy reales que conlleva una huella digital permanente. Los expertos advierten que incluso las publicaciones bien intencionadas pueden comprometer la privacidad de un niño de maneras que los padres no siempre se dan cuenta.
Según un estudio de 2024, aproximadamente el 75% de los padres comparten contenido relacionado con sus hijos en línea. Pero la práctica va mucho más allá del simple orgullo. Puede provocar robo de identidad, daño psicológico e incluso explotación.
La IA y el nuevo panorama de amenazas
Uno de los riesgos más alarmantes es el auge de la inteligencia artificial (IA) y los deepfakes. Las herramientas fáciles de usar ahora pueden crear imágenes y videos falsos realistas en segundos, y cuanto más contenido esté disponible en línea, más fácil será para los actores maliciosos explotarlo. El Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados advierte que el material de abuso sexual infantil generado por IA es una preocupación creciente y que los deepfakes pueden infligir un trauma duradero a las víctimas.
El daño psicológico es otro peligro clave. Los adolescentes pueden enfrentar acoso, vergüenza o presión para estar a la altura de una persona idealizada en línea creada por sus padres. El robo de identidad también puede arruinar el futuro financiero de un niño, lo que dificulta obtener préstamos o incluso alquilar un apartamento en el futuro.
Las alternativas: la privacidad primero
Para aquellos que valoran la privacidad de sus hijos, la solución más efectiva es simple: no publicar. Algunos padres, como el colega de CNET Attila Tomaschek, se niegan a correr el riesgo de que la información de sus hijos quede expuesta. “Es mi responsabilidad establecer las barreras de seguridad adecuadas para proteger su privacidad y seguridad contra riesgos en línea”, dice Tomaschek.
Si compartir es inevitable, existen formas más seguras. Enviar fotos directamente a través de aplicaciones de mensajería cifradas como Signal o Telegram limita la exposición. Ajustar la configuración de las redes sociales para restringir quién puede ver las publicaciones puede ayudar, pero las plataformas aún conservan una licencia para usar ese contenido comercialmente.
En última instancia, la decisión de compartir (o no compartir) es personal. Pero para un número cada vez mayor de padres, los riesgos simplemente superan las recompensas.
El enfoque más seguro es tratar la privacidad digital de un niño con la misma seriedad que su seguridad física. Internet no olvida, y es posible que el yo futuro de un niño no le agradezca compartir su vida con extraños.



























