Irán está aplicando actualmente un apagón casi total de Internet, ahora en su sexto día, aislando efectivamente a millones de ciudadanos de las redes de comunicación globales. El cierre se logró mediante un “interruptor de apagado” centralizado que controla casi todo el tráfico de Internet del país, como confirmó el director de NetBlocks, Alp Toker. Esta medida pone de relieve el poder que ejercen los gobiernos sobre la infraestructura digital cuando se canaliza a través de un único punto de control.
A pesar de la interrupción generalizada, el servicio de Internet satelital Starlink de Elon Musk sigue siendo una de las pocas vías restantes de conectividad, aunque ilegal según la ley iraní. La posesión de un terminal Starlink puede conllevar penas de prisión, que van de seis meses a dos años, con penas más severas por importar múltiples dispositivos.
Sin embargo, ni siquiera Starlink es inmune. Las autoridades iraníes están interfiriendo activamente las señales de satélite en Teherán y probablemente en todo el país. Los informes del grupo de derechos de Internet Filter.Watch indican que la pérdida de paquetes está alcanzando hasta el 40 % en algunas áreas, lo que degrada gravemente el servicio hasta el punto de que la navegación y las videollamadas son imposibles.
Interferencias móviles y tácticas rusas
La interferencia parece provenir de unidades móviles de interferencia, que pueden redesplegarse para interrumpir el acceso a Starlink barrio por barrio. Este enfoque refleja las tácticas empleadas por Rusia en Ucrania, donde se utilizaron sistemas móviles similares para atacar terminales satelitales en tierra. Toker sugiere que las autoridades iraníes pueden haber recibido asistencia o haber compartido inteligencia con Rusia con respecto a estas técnicas.
Posible transferencia de tecnología rusa
La evidencia sugiere que Irán puede haber adquirido o realizado ingeniería inversa a las capacidades de guerra electrónica rusas. Según se informa, el ejército iraní discutió la adquisición del sistema Krasukha-4 en septiembre, tras el reciente conflicto con Israel. Este sistema de fabricación rusa puede bloquear satélites en órbita terrestre baja en un radio de 300 kilómetros.
Si bien no existe ninguna prueba definitiva, es posible que Irán ya posea su propia versión: el Cobra V8, presentado en 2023. Los medios estatales lo describen como un sistema de guerra electrónica multimisión capaz de interceptar e interferir el radar enemigo. Los informes indican que Rusia transfirió sistemas avanzados de guerra electrónica a Irán en 2024, capaces de interrumpir los servicios militares a distancias de hasta 5.000 kilómetros.
La efectividad de los esfuerzos de interferencia de Irán y el uso potencial de tecnología rusa genera preocupación sobre la vulnerabilidad del acceso a Internet por satélite en regímenes autoritarios.
La situación demuestra con qué rapidez los gobiernos pueden ejercer control sobre las redes de comunicación y hasta dónde llegarán para reprimir la disidencia o mantener la vigilancia. La dependencia de una infraestructura centralizada hace posibles estos cierres, mientras que el uso de tecnología de interferencia subraya la carrera armamentista en curso entre la conectividad y el control.





























