La trampa de la deuda global: cómo Wall Street mantiene a las naciones pobres endeudándose

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Los países en desarrollo se están ahogando en deudas. Las naciones de África, Asia y América Latina deben la asombrosa cantidad de 31 billones de dólares: cantidad suficiente para, en teoría, resolver el hambre en el mundo; sin embargo, en realidad, más de 3 mil millones de personas viven en países que priorizan el pago de la deuda sobre servicios esenciales como la atención médica y la educación. Esto no es nuevo, pero está empeorando a medida que aumentan las tasas de interés, se multiplican los desastres y los prestamistas privados ganan dominio.

El ciclo es simple: obtener nuevos préstamos para cubrir los anteriores, una táctica familiar para cualquiera que tenga deudas de tarjetas de crédito o estudiantiles. Cuando surgen crisis (huracanes, pandemias, shocks económicos), la situación se sale de control. ¿El resultado? Escuelas sin financiación, economías estancadas y calificaciones crediticias en caída libre, lo que encarece aún más los préstamos futuros. Como observa Penélope Hawkins, de las Naciones Unidas, “puedes salir cuando quieras, pero nunca podrás irte”.

El papel de Wall Street

El problema no es la deuda en sí; son los términos. Mientras que los países desarrollados se endeudan en sus propias monedas y a menudo pueden refinanciarlos a bajo precio, los países más pobres enfrentan tasas de interés exorbitantes. Los acreedores privados, en particular los fondos de cobertura y las compañías de seguros, poseen ahora el 60% de la deuda externa de los países de ingresos bajos y medianos, una tendencia que va en aumento desde 2010. Este cambio comenzó después de que el Club de París (un grupo informal de naciones acreedoras occidentales) redujera los préstamos a principios de la década de 2000, dejando un vacío llenado por prestamistas privados con fines de lucro.

El marco legal agrava el problema. Los contratos de deuda soberana a menudo se litigan en Nueva York y Londres, donde las empresas de Wall Street ejercen una influencia significativa. Esto permite a los acreedores exigir el reembolso total, incluso en crisis, mientras que los prestatarios luchan por reestructurar la deuda de manera efectiva. El caso de Argentina, donde Elliott Management (un famoso fondo buitre) se apoderó de un barco de la marina argentina para recuperar préstamos, ilustra esta crueldad. Finalmente consiguieron un retorno de su inversión del 392%.

El círculo vicioso en la práctica

Las consecuencias son brutales. Zambia, por ejemplo, entró en default en 2020 debido a endeudamiento insostenible, corrupción y factores externos como sequías y precios volátiles de las materias primas. Como resultado, 3.400 millones de personas viven ahora en países que gastan más en el servicio de la deuda que en atención sanitaria o educación, una brecha que se ha ampliado un 10% sólo en el último año.

La pandemia de COVID-19, el aumento de las tasas de interés y los desastres climáticos han empeorado la situación. Los países en desarrollo gastaron 741 mil millones de dólares más en pagos de préstamos de lo que recibieron en nueva financiación entre 2022 y 2024, pero su deuda sigue creciendo.

El futuro del alivio de la deuda

Si bien no hay una solución fácil, las leyes propuestas en Nueva York y Londres podrían frenar las prácticas crediticias abusivas. Simplificar los procesos de reestructuración de la deuda también ayudaría a los países a salir más rápido del ciclo. La realidad es que muchas naciones no están incumpliendo sus pagos directamente; están sacrificando el desarrollo para cumplir con sus obligaciones.

El sistema actual no es sólo una cuestión financiera: es humanitaria, como señala Joel Curtain de Partners in Health: “Esta crisis se encarna en enfermedades, mala salud y muerte”. A menos que se produzcan cambios sistémicos, la trampa de la deuda global seguirá sofocando el progreso en las naciones más vulnerables del mundo.

En última instancia, el sistema financiero mundial sigue priorizando las ganancias sobre las personas, asegurando que el ciclo de deuda y dependencia persista.