додому Internet y TI Gadgets Cómo Reactable convierte bloques de mesa en música electrónica

Cómo Reactable convierte bloques de mesa en música electrónica

Todos los hemos visto. Ladrillos de plástico. Colores primarios. Apilados al azar sobre una alfombra. Son la abreviatura universal de la inteligencia temprana y la imaginación desenfrenada. Tomas un bloque rojo y colocas uno azul encima. De repente, tienes una torre. Agrega letras o formas y tendrás patrones. Es física y juego simples.

Luego pones esos bloques sobre una mesa.

La dinámica cambia instantáneamente. Una mesa no es sólo una superficie. Es un punto de reunión. En las escuelas primarias, las mesas redondas reemplazan las filas de escritorios para forzar la colaboración. Los arquitectos extendieron planos sobre ellos. Los artistas construyen allí esculturas. El objeto en sí se convierte en un escenario para el esfuerzo colectivo más que para el juego solitario.

Cuatro estudiantes de posgrado de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona tomaron esta lógica y le añadieron sonido. No querían sólo un juguete. Querían un instrumento colaborativo. El resultado fue el reaccionable.

Más que un simple sintetizador

En esencia, el reaccionable funciona como un sintetizador de música. Si alguna vez has escuchado música de baile electrónica moderna, el perfil de audio te resultará familiar. Bajos profundos. Latidos agudos. Texturas sintéticas. ¿Pero la interfaz? Totalmente ajeno.

Los sintetizadores tradicionales tienen perillas. Tienen controles deslizantes. Tienen una jerarquía de entradas que puede intimidar a cualquiera sin conocimientos de teoría musical. El reaccionable elimina esa barrera. Se basa en la manipulación física.

Los usuarios manipulan el sonido moviendo bloques sobre una gran mesa circular. Es táctil. Es social. Giras un bloque para cambiar una frecuencia. Lo mueves a otra parte para alterar un ritmo. Varias personas pueden trabajar sobre el mismo paisaje sonoro simultáneamente. No existe una forma “incorrecta” de hacerlo, sólo resultados sonoros diferentes.

Visualizando el ruido

La experiencia no es auditiva. También es profundamente visual.

La superficie de la mesa es de color azul translúcido. Debajo o dentro de ese cristal, las animaciones dinámicas pulsan y cambian. Estas luces no son sólo decoración. Destacan los cambios musicales en tiempo real. Ves caer el bajo. Ves el cambio de melodía.

Para los músicos, es una herramienta. Para los espectadores, es teatro. Lo reaccionable es un instrumento que exige ser observado tanto como exige ser escuchado. Convierte el acto abstracto de síntesis de sonido en un evento visible y compartido.

La mecánica del juego

Comprender lo reaccionable requiere dejar de lado cómo pensamos habitualmente sobre las computadoras. No hay teclados. Sin ratones. Sólo geometría y gravedad.

El sistema asigna posiciones físicas a parámetros de audio.
Rotación a menudo controla el tono o la modulación.
– La Posición en la mesa puede dictar bandas de frecuencia o ubicación espacial en la mezcla.
La interacción entre bloques puede desencadenar efectos o armonías.

Esta filosofía de diseño cierra la brecha entre la curiosidad infantil y la composición profesional. Un arquitecto puede esbozar una estructura sobre la misma mesa donde un compositor esboza una melodía. El medio cambia. El espíritu colaborativo permanece.

Resulta que poner bloques sobre una mesa no solo construye torres. Construye canciones. Y, a veces, la mejor manera de entender una tecnología compleja es tratarla como un patio de recreo. Los resultados pueden ser sorprendentemente ruidosos.

En esencia, el reaccionable es solo un sintetizador. Es un instrumento diseñado para manipular electrónicamente el tempo y las notas, doblando las ondas sonoras en formas que no se pueden obtener fácilmente con un piano o una guitarra. Gire una perilla en un teclado tradicional mientras mantiene presionada una tecla y podrá hacer que el tono vacile. Crea esas texturas electrónicas espeluznantes e hinchadas. El reaccionable también hace esto, pero elimina la mecánica oculta.

Cuatro estudiantes de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (Sergi Jordà, Martin Kaltenbrunner, Günter Geiger y Marcos Alonso) lo construyeron con un objetivo específico en mente. No querían otra estación de trabajo en solitario. Querían colaboración. La mesa es redonda. Invita a una multitud. No te sientas detrás de él; te paras a su alrededor.

El reaccionable es un “novedoso instrumento musical electroacústico multiusuario con una interfaz de usuario tangible de mesa”

Suena como jerga académica hasta que la analizas. Multiusuario significa que cuatro, cinco o seis personas pueden permanecer allí a la vez. La electroacústica es bastante simple: todo el sonido se genera electrónicamente. La interfaz de usuario tangible es la clave. No estás haciendo clic con el mouse ni escribiendo comandos. Estás agarrando bloques físicos. Los tuerces. Los mueves. Es como girar los mandos de un sintetizador clásico, sólo tú puedes ver las conexiones entre ellos.

La filosofía del diseño era estricta. Tenía que ser intuitivo. Si llegaste hasta allí sin un manual, no deberías perderte. Recoge un bloque. Colóquelo. Haz un sonido. Es un desafío dominarlo, claro. Pero lo básico es accesible. Incluso un principiante puede hacer que se vea y suene genial. Un DJ experimentado puede pasar horas explorando su profundidad.

Objetos reaccionables

Entonces, ¿qué pasa cuando colocas esos cubos en la superficie? ¿Y cómo se distingue uno del otro?

El sistema se basa en retroalimentación visual y lógica física. Cada bloque representa una función específica en la cadena de audio. Hay módulos para osciladores (generar sonido), filtros (dar forma al tono) y efectos (agregar textura). Cuando colocas dos bloques uno cerca del otro, se ilumina una línea de conexión en la superficie de la mesa. El sistema reconoce la proximidad y crea una ruta de señal entre ellos.

Esta interfaz tangible cambia la forma en que los músicos piensan sobre la composición. No sólo estás escuchando el resultado; estás viendo la estructura. Si acerca un bloque de filtro a un oscilador, la relación es explícita. Es espacial. Es colaborativo.

De los museos al escenario de Björk

Durante años, los reaccionables vivieron en el mundo de las demostraciones tecnológicas. Ganó el Ars Electronica Golden Nica. Obtuvo el Premi de la Cuitat de Barcelona en 2007. Fue una maravilla de ingeniería y diseño, expuesta en museos y festivales. Pero siguió siendo una curiosidad.

Entonces Björk lo vio.

El músico islandés vio un vídeo de YouTube del dispositivo. Ella no solo vio un juguete genial; vio un accesorio escénico que coincidía con su visión artística. Contrató al equipo para construir una versión de gira. Trajo a un DJ que podía tocarla en su gira “Volta”. De repente, lo reaccionable no era sólo un proyecto de investigación. Fue parte de un espectáculo pop global.

El elemento visual se volvió central. Las conexiones brillantes, la manipulación física del sonido: agregaron una capa de rendimiento que una computadora portátil o un estante de sintetizadores no podrían igualar. El público pudo ver cómo se hacía la música. Podían ver la causa y el efecto.

Esta exposición lo cambió todo. Demostró que se podía hacer accesible una tecnología compleja, incluso teatral. El reactivo se trasladó del laboratorio a la arena. Demostró que las interfaces tangibles no eran sólo para ingenieros. Eran para artistas. Eran para personas que querían tocar la música.

Por qué es importante ahora

Hemos superado el revuelo inicial. Pero los principios siguen siendo relevantes. El reaccionable demostró que la manipulación directa de interfaces digitales podría ser más atractiva que los menús abstractos. Demostró que la colaboración se podía integrar en el hardware.

Hoy vemos ecos de esto en otros instrumentos. Algunos usan el control por gestos. Otros usan pantallas táctiles. Pero el reaccionable fue uno de los primeros en lograr hacer visible lo invisible. Hizo que la ruta de la señal fuera algo físico que se podía tocar.

No se trata sólo de hacer ruido. Se trata de aclarar el proceso de hacer ruido. Transparente. Compartido.

Los bloques todavía están sobre la mesa. Las luces todavía brillan. Pero el verdadero cambio está en cómo entendemos la interacción. Ya no nos limitamos a introducir datos. Manipulamos el espacio. Damos forma al sonido con nuestras manos. Y podemos hacerlo juntos.

Existe una diferencia entre ver una forma de onda en una pantalla y ver una línea de luz conectar dos cubos. Uno es la información. La otra es una experiencia. El reaccionable eligió lo último. Eligió ser sentido, no sólo escuchado.

Tocar un bloque en la mesa es como presionar reproducir en un bucle. Pero si golpeas un solo cuadrado, solo arañarás la superficie. La magia ocurre en la geometría. El lugar donde coloques estas formas entre sí dicta el sonido.

Hay seis tipos de bloques distintos. Cada uno tiene una silueta única y un trabajo sonoro específico. Si se mezclan, la música se desmorona.

Los generadores de sonido

Comienza con los cuadrados. Hacen ruido. Gira uno y cambias la frecuencia. Arrastre el dedo a lo largo de su anillo animado para aumentar o disminuir la amplitud. Es como girar la perilla de volumen de un viejo televisor de tubo.

¿Quieres silenciarlo? Haga un gesto de corte a lo largo de la línea que conecta el bloque con el centro de la mesa. Corta la señal. Toca el anillo nuevamente para recuperarlo. Simple.

Filtros y controladores

Luego vienen los cuadrados con bordes redondeados. Estos son filtros de sonido. Son los pedales de guitarra de los reaccionables. Agregue brida, fuzz o retroalimentación. Conecte una onda sinusoidal constante a un filtro y observe cómo se distorsiona hasta convertirse en algo irregular e interesante.

Luego están los círculos. Controladores. Envían datos a los vecinos. Mueva un controlador cerca de un generador y alterará su frecuencia. Puede obtener un tono limpio y fluido o transformarlo en un efecto wah-wah.

Geometría compleja

Los octágonos y pentágonos son donde la cosa se pone complicada.

Los filtros de control (de ocho lados) y los mezcladores de audio (de cinco lados) se encargan del trabajo pesado. Actúan como muestreadores. No estás simplemente reproduciendo un tono; estás construyendo líneas melódicas intrincadas. Armonizan. Cambian de clave. Cambian de forma.

Control mundial

Los bloques hemisféricos son objetos globales. Crean un campo circular. Todo lo que esté dentro de ese campo se ve afectado. Normalmente actúan como metrónomo. Mantienen el ritmo. O funcionan como tonalizador, corrigiendo la deriva del tono de generadores y filtros.

El hardware es sólo plástico y sensores. El software hace el trabajo pesado. Traduce la geometría en audio. En concreto, utiliza reaccionarTIVision.

Cómo el motor reaccionaTIVision rastrea los bloques físicos

No puedes verlo, pero algo observa cada uno de tus movimientos sobre la mesa. Debajo de la superficie translúcida, un sistema oculto de visión por computadora mapea el mundo físico en datos digitales. La configuración es simple pero efectiva: una cámara y un proyector escondidos debajo de la madera. Ambos apuntan hacia arriba, pero realizan trabajos completamente diferentes.

La cámara son los ojos. Se ejecuta en reacTIVision, un motor de visión especializado diseñado para interacción basada en tablas. No sólo ve gotas de plástico. Analiza puntos de datos específicos en tiempo real. ¿Qué lado de un bloque está hacia abajo? ¿Dónde está en relación con el centro de la mesa? ¿A qué distancia está de otro bloque? También realiza un seguimiento de la rotación. Si haces girar una pieza alrededor de su propio eje, el sistema lo sabe. Cada ajuste tangible que realice altera el tono, los filtros o los efectos, y reacTIVision detecta esos cambios al instante.

Del movimiento al sonido y la luz

Entonces, ¿qué sucede después de que la cámara ve los bloques? Los datos van a un administrador de conexión. Aquí es donde la magia se divide en dos caminos.

Primero, la información se dirige a un sintetizador de audio. El sintetizador interpreta las posiciones de los bloques como instrucciones musicales. Genera el sonido y lo bombea a los altavoces. Esta es la música que están creando los jugadores.

En segundo lugar, esos mismos datos van al proyector. A diferencia de la cámara, que observa, el proyector crea. Su luz brilla a través del tablero azul translúcido. Pinta animaciones directamente sobre la superficie. Estas imágenes proporcionan retroalimentación inmediata. Los jugadores ven lo que están jugando. Los espectadores ven la lógica detrás del ruido. Cierra el círculo entre acción y reacción.

Verlo en acción

Los estudiantes e investigadores que construyeron el reactivo no lo guardan en un laboratorio. Lo llevan a la carretera. Lo verá en festivales de música, conferencias tecnológicas y museos. Si desea presenciar una presentación en vivo, consulte el sitio web oficial reaccionable para conocer las próximas apariciones.

Hay planes para vender el dispositivo comercialmente, aunque aún no se ha anunciado el precio. Si no puedes esperar o no puedes conseguir entradas, Björk es tu siguiente mejor opción. Es famosa su uso del sintetizador durante sus giras. Si lo trae a tu ciudad, atrápala mientras todavía prefiera el instrumento.

Para obtener más información sobre la tecnología detrás de estos instrumentos, consulte los recursos a continuación.

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  • La página de inicio reaccionable

Fuentes

-Andrews, Robert. “El sintetizador táctil ReacTable llama la atención y el oído de Björk”. Cableado. 9 de agosto de 2007.
– EARS: Sitio de recursos electroacústicos. “Música electroacústica”.
– Jordà, Sergi, Günter Geiger, Marcos Alonso y Martín Kaltenbrunner. “La reacTable: explorando la sinergia entre la interpretación de música en vivo y las interfaces tangibles de mesa”. Grupo de Tecnología Musical, Universidad Pompeu Fabra. 2007.
– Jordà, Sergi, Günter Geiger, Marcos Alonso y Martín Kaltenbrunner. “La reacTable: un instrumento musical colaborativo”. Grupo de Tecnología Musical, Universidad Pompeu Fabra. 2006.
– Kaltenbrunner, Martin y Ross Benica. “reacTIVision: un marco de visión por computadora para interacción tangible basada en tablas”. Grupo de Tecnología Musical, Universidad Pompeu Fabra. 2007.

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